A simple vista, un espolín y un tejido mecánico estrecho pueden parecer similares. Sin embargo, existen varias formas de distinguirlos si se presta atención a ciertos detalles. Esta distinción no es solo técnica: también es un acto de respeto hacia la labor artesanal y el valor cultural que representa el tejido manual.
1. El reverso nunca miente
Uno de los rasgos más reveladores se encuentra en el reverso del tejido. En los espolines artesanales, cada figura que forma parte del dibujo se teje con un hilo continuo que únicamente se inserta en esa zona, dejando por detrás del tejido la trama suelta y sin cortes. En cambio, en los tejidos mecánicos todas las tramas deben pasar obligatoriamente de orilla a orilla. En la mayoría de los casos, estas se sujetan por el revés y se pueden observar franjas del color de la trama a lo ancho del tejido. En otros, dichas tramas se podrían cortar por la parte posterior para aligerar el peso del tejido. Así, nos encontraríamos con que estarían seccionadas sin completar el recorrido de extremo a extremo, pero sin discurrir de forma continua a lo largo del motivo.
2. Orillas limpias y definidas
En las telas tejidas a mano, la lanzadera va y vuelve a lo largo del tejido de la mano del tejedor. Por tanto, las orillas quedan sin flecos de trama. En cambio, en las telas mecánicas, la trama se inserta desde una orilla y, al llegar a la otra orilla, se corta para que en la siguiente inserción la lanzadera pueda “coger” otra trama e incorporarla, lo que deja en ambas orillas los flecos de las inserciones de cada trama.
3. Colores personalizados
Otra gran diferencia radica en los colores. En el espolín artesanal, cada cliente puede elegir los tonos de cada motivo, lo que permite la personalización del tejido dependiendo de las consideraciones del diseñador en el momento de picar el dibujo. Por el contrario, en los tejidos mecánicos, los colores están preestablecidos y hay un límite de colores posible a una misma altura de dibujo, con lo que la variedad de colores en una misma zona es mucho más limitada.
4. El tiempo invertido lo transforma todo
Mientras que un tejido mecánico puede fabricarse en minutos, una seda espolinada requiere meses de elaboración artesanal. Esta inversión de tiempo no solo influye en el precio, sino en el resultado: la textura, el brillo, la definición del dibujo y la durabilidad del tejido son inconfundibles.
Saber cómo distinguir una seda tejida manualmente es clave para valorar la autenticidad de las piezas. En Garín 1820 apostamos por mantener viva esta forma de arte textil. Elegir un espolín es reconocer la belleza de lo hecho a mano, la historia que contiene y el alma que transmite.