La máquina Jacquard cambió el proceso de la fabricación de la seda. Este telar, inventado en 1801 por el francés Joseph Marie Jacquard, conseguía tejer patrones en la tela gracias a un sistema de tarjetas de cartón perforadas. La llegada de este artilugio permitió fabricar tejidos con diseños complejos y una gran variedad de colores y motivos. Además, podía ser manejada por un solo operario.

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Antes del Jacquard, los procedimientos de elaboración de las telas se realizaban en los telares de lizos. Los hilos de urdimbre se levantaban o se tiraban a mano según las pasadas de la trama, teniendo que elevar un peso considerable de mallones y de plomos. Se trataba de un proceso arduo y tedioso.

Con la llegada del telar Jacquard, eclosionó el tejido de espolines, damascos y brocados. Los sederos valencianos comenzaron a tejer diseños más elaborados, respondiendo a los gustos de la época sin perder calidad, lo que fomentó su fama en toda Europa.

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Aunque no hay constancia documental de cuándo se incorporó por primera vez, se sabe con exactitud que en 1869 la fábrica Garín disponía de veinticuatro telares, seis de ellos con máquina Jacquard, y sesenta y dos dibujos en cartonajes. A pesar del retraso con el que España se incorporó a la industrialización, en 1877 Mariano Garín ya contaba con veinte telares provistos de la maquinaria Jacquard.

El tejido espolinado: una elaboración puramente artesanal

En la actualidad, la empresa sigue manteniendo los mismos telares manuales y máquinas Jacquard del siglo XIX, donde nuestros tejedores continúan elaborando, sin ningún tipo de mecanización, telas de seda destinadas a la confección de indumentaria tradicional y a la ornamentación de iglesias o imágenes religiosas.

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Cada tarjeta perforada corresponde a una línea del diseño y su colocación junto con otras tarjetas determina el patrón con el que el telar teje. Mientras el tejedor va pasando los cartones perforados de forma artesanal, la máquina Jacquard los lee e interpreta qué hilos tienen que subir. Este proceso culmina con la elaboración del tejido espolinado, que cuida hasta el último detalle.